Sobre mí

Texto por: Alejandro León Cannock

Una primera mirada a la producción plástica de Sotielés nos muestra a una joven artista heredera del expresionismo abstracto americano, tradición de la que ella misma confiesa sentirse muy próxima. Sotielés forma parte, entonces, de una vertiente rebelde en la historia del arte, pues, contrariamente, el linaje dominante ha defendido la lógica de la representación (mimesis), esto es, la idea de que el arte debe ser una copia del mundo exterior. El expresionismo abstracto se opone a la hegemonía de la figuración para liberar a la creación de su dependencia del realismo. Con ello busca emancipar a la imagen de su subordinación a funciones instrumentales como la documentación, la narración, la ilustración o la simbolización; independizar las potencias inherentes a cada medio artístico; y liberar las fuerzas de la vida interior del artista. En este sentido, en las obras producidas bajo el signo del expresionismo abstracto, como ocurre con el trabajo pictórico de Sotielés, lo que prima no es la relación de representación “imagen-mundo”, sino más bien la relación de expresión “artista-imagen”

La producción plástica que Sotielés viene desarrollando se posiciona, entonces, en dicho ámbito estético. Sin embargo, esta apreciación que responde a las categorías formales de la Historia del arte resulta reduccionista si no tomamos en cuenta las motivaciones desde las que emerge su práctica artística. De tal forma, el trabajo de Sotielés no puede ser definido como la simple aplicación de un estilo pictórico heredado del modernismo de pintores como Rothko o Pollock. Por el contrario, para acceder al sentido profundo de su obra, al menos en esta primera etapa de su carrera, es necesario comprender la íntima relación que existe para ella entre creación artística y transformación personal.

En este sentido, para Sotielés la experiencia artística tiene una finalidad existencial ineludible. Para la artista peruana, el proceso creativo no solo apunta a la producción de una obra capaz de transmitirle a sus espectadores una experiencia estética significativa; además de ello, constituye un movimiento de trasformación personal que apunta a modificar su forma de percibir, de sentir y de pensar el mundo que habita. De tal forma, Sotielés encontró la creación movida por la necesidad de liberarse de los códigos (sociales, familiares, ideológicos) que habían producido su identidad de una forma determinada y que, al mismo tiempo, habían reprimido en el fondo de su ser otras posibilidades de existencia. El deseo de devenir-otra muestra una auténtica sed de libertad y ansias de ser el artífice de su propio futuro. El arte sería, y es esto lo que Sotielés tiene muy presente, un medio apropiado para alcanzar esa conversión de sí misma. Su concepción del arte puede ubicarse, entonces, bajo el ideal que movilizó a gran parte de los artistas del siglo XX: poner al arte al servicio de la vida.

Si tomamos en cuenta este aspecto transformador de la creación, las opciones formales de Sotielés se vuelven más que un recurso estilístico. La abstracción, en tanto ausencia de forma y de figura, permite la producción de un espacio pictórico completamente potencial, es decir, un espacio de representación que, al no representar nada específico, por paradójico que sea, al no designar ni significar nada concreto, entonces abre las puertas a lo posible, al libre juego de la imaginación, a la emancipación de la percepción. Me parece que esta elección por la abstracción representa, en este punto de la evolución artística de Sotielés, una coherente apuesta por una creación que no le imponga nada ni a ella ni a los espectadores, sino que les otorgue el mayor margen de apertura posible. Asimismo, la abstracción permite la expresión pura y salvaje. Sin filtros. Es una especie de grito, pues no está sometida a cánones, leyes o normas. A nada que le imponga una forma a su voz: ella usa sus materiales plásticos como medios para liberar la expresión, sin que necesariamente esta comporte un “expresado”. ¿Cuál es su contenido entonces? La expresión misma. ¿De qué trata su obra? Del hecho mismo de expresarse, de poner afuera lo que se tiene adentro, pero sin darle una forma específica. Por el contrario, más bien con la intención de de-formarlo, de de-construirlo, de des-hacerlo.

Esta búsqueda de una expresión liberada de codificaciones se hace incluso más comprensible si pensamos en la “forma de vida”, para decirlo con el filósofo Ludwig Wittgenstein, de la que proviene Sotielés: el marketing y la publicidad. En este universo profesional la creatividad, contrariamente a lo que sucede en el arte, está fuertemente ligada a fines utilitarios, generalmente orientados a la venta de un producto o servicio en el mercado. Sotielés usó, por mucho tiempo, sus potencias creativas al servicio de tales finalidades. No obstante, hace algún tiempo ella viene realizando una gran deriva que no solo la ha llevado geográficamente al otro lado del mundo (del Perú hacia Australia), sino espiritualmente al otro lado de sí misma. Ahí, en ese extremo, ha encontrado en el arte abstracto una vía para expresar libremente las potencias y posibilidades de su ser que estaban reprimidas por la imagen de sí misma que había aprendido a mostrar. Al encontrarnos con experiencias como la de Sotielés comprendemos lo cerca que se encuentran la vida y el arte, y la importancia que este último tiene para transformar a la primera.